
Con gol de Messi en tiempo cumplido, la albiceleste derrotó a Brasil en Qatar.
Ambas selecciones con nuevos técnicos y nuevos proyectos. El clásico de siempre que se jugó como si fuera una final. Una formación ambiciosa por parte de la celeste y blanca y algo más equilibrada la verde amarela.
El primer tiempo Brasil mostró mayor fluidez y conjunción de equipo, presionando en todos los sectores y atacando con criterio. Ronaldhino con buenas participaciones como enlace, Neymar demostrando por qué es la joyita del país vecino y con las escaladas que nos tienen acostumbrados los laterales rivales, en esta oportunidad Dani Alves por derecha y Andre Santos por izquierda. Los de Batista, tuvieron alguna que otra jugada interesante, en especial llegando al final de la primera etapa, con un remate bárbaro de Messi, de intermitente primer tiempo, que acarició el ángulo superior derecho del arquero Víctor. Pastore no fue el mismo del Palermo (quedó a mitad de camino entre ser enganche y volante por izquierda) y Di María estuvo más pendiente de Alves que en lastimar por su sector. Zanetti tuvo algunas escaladas interesantes y Heinze estuvo flojo con la pelota. Mascherano batalló ante Lucas Leiva y Ramires, quienes fueron dueños de la mitad de la cancha, ya que el argentino ex Liverpool no contó con el auxilio adecuado de Ever Banega. La más clara fue para Brasil: a la salida de un córner, Alves jugó una pared con el central David Luiz y el lateral del barça le rompió el travesaño a un indefenso Romero.
Argentina mejoró en cuanto a su posicionamiento en la segunda etapa. Subió su rendimiento ampliamente Banega, quién contribuyó a la distribución, pero el equipo careció de movimiento, rotación y de situaciones de gol. Brasil tampoco hizo mucho más, con un Robinho desconocido y un Neymar más estático. Lavezzi, quien ingresó en el entretiempo por Higuaín, generó un par de apiladas por el sector derecho, pero le faltó concluir de mejor forma las acciones. El empate estaba clavado: no habían creado situaciones de gol, el partido se tornaba cada vez más tedioso y ambos parecían conformarse con una parda más que justa. Sin embargo, Banega presionó en una salida, Lavezzi tocó de taco y Messi arrancó con su típica apilada: terminó definiendo al segundo palo de Víctor que nada pudo hacer. Un premio demasiado grande por lo realizado por Argentina.
Una victoria que deja como positivo ciertos aspectos: Pareja como central es para tener en cuenta, ya que el ex defensor de Argentinos cumplió de gran forma su labor; Banega puede ser acompañante de Mascherano en la mitad de la cancha (más que nada por lo realizado en el segundo tiempo); Pastore debe jugar de enganche; Messi volvió a estar muy retrasado como se le criticó en el Mundial y por último, la siempre gran felicidad por derrotar al clásico de toda la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario