
El Barça repitió la historia de Roma 2009 y humilló al Manchester. Aquí, no sólo lo que dejó el partido, sino algunos comentarios adicionales sobre el histórico encuentro.
Barcelona sigue haciendo historia: a su manera, la del juego asociado, rápido, movedizo y posesivo (en cuanto al control del útil). Aplastó al Manchester y logró la 4ta Champions en su historia (tercera en los últimos 5 años).
Se decía que era el partido de la década y lo fue, pero no por la paridad o las tantísimas situaciones de gol que uno y otro pudieron tener. Fue histórica por la supremacía de una idea, que sólo encontró rival el año pasado, cuando Mourinho y su Inter dejaron al conjunto de Guardiola sin posibilidad del bicampeonato.
La táctica de apretar bien arriba y asfixiar a los culés le duró diez minutos a los de Ferguson: en cuanto Xavi, Iniesta y compañía se asentaron, ya nada hubo para hacer. En ese comienzo, Ferguson intentó tapar las subidas de Alves y Abidal con la presencia de Park y Valencia respectivamente. En el medio, la sabiduría de Giggs (pobre partido del histórico gales) y la dinámica de Carrick. Sir Alex se la jugó en ofensiva con el tándem Rooney - Hernández, pero solo el 10 pudo hacer algo, ante la errática tarde que tuvo el chicharito. Abajo, parecieron al comienzo sacar todo entre Vidic y Ferdinand, pero a medida que pasaban los minutos el gol estaba al caer: primero Villa dos veces desde afuera; después Messi, que no la llegó a empujar tras un jugadón personal y posterior cesión al güaje. Xavi tambíen probó de afuera (voy a disentir con mucha gente: el mejor jugador del mundo lleva la 6 del Barcelona) y manejó a su antojo la mitad de la cancha. Ciertas concesiones en la marca en mitad de campo le permitieron al líder futbolístico blaugrana poner un pase exquisito con el revés del pie diestro para un Pedro (no más Pedrito por favor) que definió con sobrada categoría ante la salida de Van Der Saar. Parecía que una vendría uno después del otro y que Manchester no tenía manera de responder. Sin embargo, inesperada e injustamente, una mala y extraña salida desde el fondo de los catalanes, le permitió a Rooney el empate transitorio, tras un buen pase de Giggs en escasa posición adelantada. Premio demasiado grande para el United, que casi no había inquietado a Valdés.
En los segundos 45 minutos se vio el espectáculo más imponente que uno ni llegó a imaginar: una supremacía TAN marcada del Barcelona, que aún con el partido 1 a 1 dio la imagen de un Manchester derrotado, sin respuestas, física, emocional o futbolística. Porque el juego de toque permanente del Barcelona (que algunos lo discuten y tildan de aburrio y no ofensivo) genera justamente eso: desconcentración, fatiga física y mental, y psicológicamente impotencia, bronca y rendición. Ante esto, Messi la tomó en una inmejorable posición para sacudir de zurda y puso el 2 a 1 justo, sin tener oposición tanto defensiva como del 1 rival. Ese gol significó el knock out de los ingleses, que solo se escudaron en el coraje y vigor de un Wayne Rooney demasiado solitario y distinto a sus compañeros. El formidable derechazo de Villa que se coló en el ángulo del holandés fue el broche de oro a un segundo tiempo PERFECTO.
Ahora bien, uno luego de ver tamaña demostración de fútbol, tuvo que volver a lo doméstico, a lo nuestro... y sinceramente el resultado fue por lo menos desesperanzador: la ley del fútbol de que se juega con la posesión del elemento y que hay que darsela al compañero no existe (no solo aquí, sino también en otros lares del mundo). Caprichos, presiones e histerias, hacen de nuestro fútbol un reboleo constante, en el cual la cabeza de los plateístas queda contracturada de tanto levantar la vista para mirar como el esférico saca a relucir sus alas y emprende vertiginosos y furibundos vuelos. Por poner un ejemplo, lo de River hoy frente a Olimpo fue un despropósito futbolístico, un dolor de ojos incurable con cualquier tipo de medicamente, receta o macumba.
De todas formas, hay varias aristas que hacen imposible ver un "Barcelona" casero, aunque si hay que decir que el que "más se parece" es en estos momentos es Vélez. Con un plantel que viene trabajando desde hace mucho, con jugadores de inferiores de grandes capacidades técnicas y con un cuerpo técnico que está en la institución desde hace un par de años, el conjunto de Liniers intenta por el piso. Se le pueden sumar también las propuestas de Godoy Cruz (aun con todos sus cambios, sigue una buena senda futbolística) y de otros momentos que por momentos intentar darle el pase al compañero que posee la misma camiseta.
El trabajo de inferiores es fundamental para conseguir una estructura sólida y futbolísticamente agradable: las inferiores del conjunto español hacen jugar a sus jóvenes promesas de la manera en la que se ve reflejado el primer equipo: movilidad, juego a 1 o 2 toques, velocidad, presión constante, equipo corto... No es casualidad que de los habituales 11 titulares (si tomamos a Valdés; Alves, Piqué, Puyol, Abidal; Xavi, Busquets, Iniesta; Messi, Pedro y Villa), 8 sean de la famosa Masía. Si ponemos la mira en su acérrimo rival, veremos la diferencia: cada libro de pases el Madrid gasta millones de euros en traer a los mejores de cada conjunto, y desde hace años que no es el equipo ganador de las viejas épocas, a excepción de la conquista de la Copa del Rey, que seguramente no fue el objetivo prioritario de los de Florentino Pérez y cía.
Trabajo a largo plazo, convencimiento, dedicación, seriedad y afuera las presiones, puntos claves para lograr un fútbol mejor, aunque de todas formas la quita de los promedios en nuestro país pueda ayudar a calmar tanta histeria y empezar a ver más a menudo en nuestro fútbol "pequeños Barcelonas".
No hay comentarios:
Publicar un comentario