lunes, 7 de marzo de 2011

QUÉ DISTINTOS SON...


Vélez se recuperó y hundió aún más a un Boca que cada vez juega peor. Encima, el gol fue con el arma predilecta de Falcioni...

Se jugó un partido visagra en el Amalfitani. La importancia estaba dada por el mal arranque de ambos en el año y por los flojos funcionamientos demostrados. Vélez, venía de un empate increíble frente a Argentinos y con el mazazo que le propinó la Católica hacia un par de días. Por el lado de Boca, el pobre empate ante All Boys y la novela de Riquelme aún latente. Era la oportunidad ideal de cada uno para demostrar y demostrarse que pueden pelear arriba. Y en este contexto, los de Gareca terminaron festejando más que tres puntos.

Con la llamativa inclusión de Iván Bella como ocho (gran partido del zurdo juvenil), la vuelta de Silva tras el desgarro y la creación a cargo de Moralez y Ramírez, el fortín intentó con paciencia y predominando la tenencia de la pelota. La visita insinúo recargar el juego por su sector izquierdo, juntando a Rodríguez, Colazo y Erviti, pero esta idea fue solo un esbozo que quedó en la nada. El Boca de Falcioni juega de una manera simple: pelotazo desde cualquier sector del campo para Palermo y/o Mouche. Si estos pueden aguantarla, de a poco se le sumará algún volante (poquito en este caso de Rivero y Colazo, Erviti no pisó inmediaciones velezanas). Totalmente partido, con los 2 puntas aislados y el resto del equipo metido casi en su campo, Boca fue la contracara de un Vélez más compacto y sólido, aunque todavía le falta aceitar el funcionamiento colectivo y ser más punzante. El marcador se abrió con una receta made in Falcioni: córner de Moralez para un tremendo testazo de un ex Boca, Fernando Ortiz. Uno a cero y al entretiempo.

Vélez volvió a tener algunos minutos de quedo, como le sucedió frente al bicho una fecha atrás: dejó crecer a Boca, en especial a Mouche, quien contó con dos chances netas para empatar el partido. Sin emargo, el xeneize sólo fue eso: el desparpajo del 7, el único que tuvo algo de rebeldía. Con el correr de los minutos, el local mostró su mejor cara: triangulaciones, movilidad, precisión, cambios de ritmo y hasta pudo haber sentenciado el partido de no haber sido por García, quien le ahogó el grito a un Ramírez cada vez más asentado en el equipo. Se fue ovacionado Bella (figura de la cancha), ingresó Martínez, se fue Ramírez para que ingrese Augusto Fernández y por el lado de Boca, Viatri y Chávez poco pudieron hacer para cambiar una historia que ya estaba escrita.

Vélez tomó confianza de cara a una seguidilla importante de encuentros, entre Copa y campeonato, y se aprovechó de un Boca que cada vez está más enmarañado y que pide a gritos la vuelta de Juan Román Riquelme.

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