
La pelea Desábato-Ortega demostró cómo es la sociedad argentina: agresiva, vengativa, violenta y de una bajeza lamentable.
Teniendo en cuenta que la tecnología capta todo y que el fútbol es un deporte visto por millones de personas (y más en nuestro país, donde la pelota corre por la sangre de la mayoría de los argentinos), los protagonistas de la redonda deberían reflexionar sobre sus acciones y/o reacciones. El mismo Zidane pidió disculpas a todos los espectadores de la final de la Copa del Mundo 2006 luego de su cabezazo a Matterazzi. Pero en nuestro país, actitudes como esa no son sancionadas como se debe y se dejan pasar con el pretexto de que "son calenturas típicas de un partido de fútbol y esas cosas quedan en la cancha".
El insulto del central pincha demuestra lo bajo que se puede caer en este país en cuanto al respeto por el prójimo: meterse con la enfermedad del otro (Ortega posee una enfermedad) y con esa "burla" herir y sacar del partido al otro. La respuesta del burrito tampoco fue la correcta, ya que no fracturó al chavo de milagro. Luego del partido, ambos jugadores minimizaron el hecho ("esto es fútbol: un deporte de hombres donde siempre se dice de todo y lo que pasa en la cancha, queda ahí"). Ninguno de los dos fue sancinado como corresponde, con alguna medida ejemplificadora para que esto no vuelva a suceder.
Hace unas semanas, el bochorno de Asad y Caruso sólo fue analizado por los distintos programas periodísticos, mientras que desde la AFA no se escuchó ninguna voz para repudiar los dichos y gestos de ambos directores técnicos.
Uno entiende que los protagonistas están "con las pulsaciones a mil", pero no puede valerse todo en el campo de juego, donde al fin y al cabo se desarrolla un deporte, el cual se reitera que es y debe ser utilizado como un modo de educación. Lo que también está mal es la poca o nula sanción a actitudes reprobables: cabe destacar que en Europa un jugador por aplaudir a un árbitro (un poroto en comparación con lo que sucede acá) es expulsado sin duda alguna.
Para finalizar, lo que sucedió en Quilmes con Daniel Vila (presidente de Independiente Rivadavia de Mendoza) también entra en el círculo de la barbarie, pero es un tema que va mas allá de lo estrictamente futbolístico ya que actos como ese están vinculados a la política, la mafia, los negociados y la impunidad de ciertos dirigentes y grupos que son dueños y amos de los clubes de fútbol en todas sus categorías.
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