jueves, 27 de octubre de 2011

LOS MISMOS DE SIEMPRE

El escándalo en San Lorenzo volvió a poner a la escena la impunidad de las barras bravas, como si el bochornoso descenso de River no haya dejado ningun enseñanza.

¿Qué están esperando los que manejan el circo del fútbol para de una vez por todas terminar con esta locura? Como si los muertos en enfrentamientos no bastaran, parecería que sólo se espera que la tragedia le ocurra a un protagonista (léase jugador, árbitro, técnico...).

Ante la situación apremiante que vive el cuadro de Boedo, los dirigentes de turno vuelven a mostrar una connivencia alarmante, como siempre lavándose las manos como si no supieran quienes son los que realizan estos actos mafiosos. Lo sucedido en Córdoba primero y Núñez después, fue solo una mancha más a nuestro querido deporte. El descenso de River, que significó los hechos gravísimos de violencia fueron pasados de largo como colectivo lleno: nadie aprendió nada, nadie fue responsable.

Todo se vuelve inútil: todas las opiniones (periodísticas, de los verdaderos hinchas y hasta de jugadores y técnicos) no sirven de nada ante un aparato mafioso, pero a su vez político y hasta sindical, que necesita de estas lacras que siguen manchando al fútbol con su violencia, corrupción e impunidad. No es casual que muchos barras hallan participado de actos delictivos fuera del ámbito deportivo, inmiscuidos en cuestiones políticas y sociales.

Ante esto, Grondona sigue con su reinato hasta vaya uno a saber cuando, y aparece en escena un personaje no menos dudoso, adjudicandose un triunfo basado en camaras ocultas, conventillos y periodístas poco creíbles, que tambíen contribuyen al caos global en el que vive nuestro golpeado fútbol argentino.

Esperemos que de una vez por todas, el fútbol dé una vuelta de tuerca y no termine siendo, como el libro de García Márquez: "Crónica de una muerte anunciada".

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