La naranja derrotó 2 a 1 a la verdeamarela y lo eliminó de los cuartos. Los de Van Marwijk esperarán en la semis al ganador del choque entre Uruguay - Ghana.
Fue EL partido del Mundial. Por lo que significan históricamente ambas selecciones y por lo que demostraron a lo largo de la competición. Holanda quería revancha de aquella semi final de Francia 98 (los de Zagallo los eliminaron por penales) y Brasil quería repetir dicha historia. Sin embargo, Holanda metió batacazo y la fiestita de Brasil quedará trunca por lo menos 4 años más.
El primer tiempo fue TODO de los de Dunga: sólidos en defensa, con una movilidad asombrosa de mitad de cancha hacia adelante, encontraron la diferencia rápido: a los 10 minutos un pase exquisito de Felipe Melo (gran protagonista del match) dejó solo a un Robhino que definió bárbaro a un toque. Parecía que los sudamericanos iban a ganar de punta a punta. Kaká, Robinho y Luis Fabiano entraban y salían de la zona de ataque y de esta forma arrastraban las marcas de Ooijer (ingresó sobre la hora por el lesionado Mathijsen) y Heitinga. Ambos centrales estuvieron todo el primer tiempo desconcertados ante los movimientos rivales y siempre quedaron descolocados. Por afuera, el tandem Alves - Maicon hacía estragos. Y la mitad de la cancha era propiedad de Gilberto Silva y Felipe Melo. Sin embargo, Brasil no pudo aumentar la diferencia y se lo notó todo el partido nervioso frente a los roces y a las decisiones del colegiado Nishimura. Hasta ese momento, los que debieron hacer la diferencia en la naranja brillaron por su ausencia: Sneijder inconexo, Robben muy solitario ante la férrea marca brasileña y Kuyt y Van Persie totalmente fuera del circuito futbolístico.
En el segundo período todo parecía estar dado para la contra brasileña y lo que podía intentar Holanda. Sin embargo, el partido cambió drásticamente de rumbo cuando un centro de Sneijder fue peinado hacia atrás de su propio arco por Melo y ante la mala salida de Julio César, el partido se empardó en 1. A partir de allí Brasil increíblemente se descontroló. Si bien todo el Mundial se los vio nerviosos a los de Dunga ante cualquier mínimo roce o sanción de los distintos árbitros, este partido fue la muestra clara de esa sensación: Dunga gesticuló todo el partido (golpeó el banco de suplentes y el mismo césped), Robinho se trenzó verbalmente con cuanto jugador holandés cayera al piso y Felipe Melo se fue expulsado por una irresponsabilidad, que también puede ser juzgada como mala intención: pisotón a Robben cuando este estaba en el piso. A partir de esto, fue todo de Holanda: aparecieron Robben y Sneijder, Van Persie se movió más y en una pelota parada Holanda encontró el segundo gol. Centro de Robben al primer palo, la peinó Kuyt y por el medio solo Sneijder (¿cómo es posible que el Real haya dejado ir a tremendo jugador?) la mandó adentro. Esto demuestra el riesgo de marcar en zona en pelotas paradas: ante el mínimo desvío, la defensa queda sin oportunidad de reacción. Precio demasiado caro para un Brasil que dominó claramente el primer tiempo y que después se descontroló infantilmente. Desde aquí hasta el final, para los de Dunga fue todo desesperación. Pudieron haberlo empatado con alguna pelota parada (dudó mucho Stekelenburg a pesar de sus casi 2 metros de altura), pero Holanda increíblemente desperdició sendos contra ataques que hubieran significado el final del encuentro. Pero Holanda se mantuvo hasta al final y pudo con Brasil.
Los tulipanes vuelven a una semifinal después de 12 años, mientras que Brasil quedó eliminado en cuartos de final por segunda vez consecutiva, recordando aquel memorable partido en Alemania 2006 en donde el crack Zidane los dejó sin semis.
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